domingo, 19 de octubre de 2008

Premios al Síndrome de Estocolmo

El terrorismo es incompatible con la democracia, y el enemigo del terrorismo es la sociedad plural y democrática. Es nuestro enemigo, no nuestro adversario” – Rosa Díez

Como han señalado ya distintas –y en progresiva disminución- voces, negociar con terroristas es de lo más estúpido que puede haber y la más alta traición a la patria. Las decisiones que mueven a un Estado son aquellas que se toman con la cabeza fría, en vista de que tomarlas con el caliente corazón, equivale a un descalabro de la sociedad.



Incluso algunas de las mentes más brillantes de Colombia han apoyado el diálogo y el intercambio humanitario, disfrazando su sentir de un falso patriotismo eufemístico. En ocasiones ha cabido hacerse las preguntas: ¿Es que realmente buscan la desaparición del país? ¿Por qué son tan agudos críticos de determinadas materias pero con el cáncer que consume al país se muestran más que benevolentes? ¿Por qué apoyan candidatos –ya sean de Colombia o de otros países como Estados Unidos- que quieren negociar con terroristas?

El nacionalismo en sí, es un mal que en la práctica lleva al terrorismo, la discriminación y el xenofobismo, bases todas de los totalitarismos; sin embargo sentir algo de amor por la propia patria, no puede considerarse la semilla de estos actos atroces.

Y fue precisamente esa muestra de amor lo que el Foro de Ermua hizo la semana pasada: Ingrid Betancourt, quien entre sí misma y sus aúlicos, la fueron proclamando autoridad en terrorismo, le pareció acertado decir que se debía negociar con el grupo terrorista vasco ETA. A partir de ese momento y por obra del amor a la propia patria, del que carecen muchos colombianos, el Foro de Ermua se mostró indignado y pidieron que devuelva el Premio Príncipe de Asturias por la Concordia ya que sus declaraciones en favor del diálogo, hacen “injustificable” el galardón.

Ojalá hubiera habido en Colombia alguien que le hubiera bajado esos humos de máxima autoridad en terrorismo, cuando pidió que se moderara el lenguaje contra las Farc. Todo pareciera indicar que los vinos, los quesos y las reuniones con Jefes de Estado y subalternos la hicieron olvidar los seis años de bañarse con agua fría, soportar tratos inanimales –porque por los inhumanos ya se pasó hace mucho tiempo- y la negación de su proyecto de vida y el desarrollo del mismo.

Menos mal, el jurado de los premios Nobel de Paz no se volvió a equivocar y se lo entregó a alguien con muchos más méritos que Ingrid Betancourt. Se sigue corriendo el riesgo de que ella vuelva a ser presentada como candidata, pero esperemos que sus nominaciones sigan los caminos de las de Hitler, Stalin, Mussolini o Gandhi en vez de terminar en grandes errores como los otorgamientos a la “Madre” “Teresa” de Calcuta, El “Dalai Lama”, Henry Kissinger o Yasser Arafat.




Ir a Ciega e Ingrata

Volver a ¡Sagrados Corazones!

sábado, 18 de octubre de 2008

¡Sagrados Corazones!

Estaríamos mil quinientos años más adelantados si no hubiera sido por la Iglesia, arrastrando a la ciencia tomada de sus faldones y quemando nuestras mejores mentes en la hoguera” – Catherine Fahringer

El siglo XX, empezó para Colombia en medio de una guerra: la de los mil días. Murieron 130 mil personas –cuando sólo había 4 millones de habitantes en todo el territorio nacional- y el hambre azotó a todas las esferas de la sociedad colombiana. El 22 de Junio de 1902, el presidente José Manuel Marroquín aceptó en grado de suma complacencia, la idea del entonces Arzobispo de Bogotá, Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, de que la única posible solución fuera la consagración del país al Sagrado Corazón de Jesús. Los efectos fueron inmediatos:




El 3 de Noviembre de 1903, el istmo de Panamá se declaró independiente del país. Por la pérdida de Panamá y la guerra de los mil días, Marroquín salió del Gobierno y llegó el de Rafael Reyes quien tras hacerse reelegir salió exiliado del país, dejándolo a la deriva y en manos de los conservadores. En 1928, empezó una huelga de trabajadores (¿esclavos?) de la United Fruit Company –compañía frutera estadounidense que hoy en día lleva el nombre de Chiquita Brands-, quienes hasta el momento habían sido amenazados por el gobierno e ignorados por la compañía. En un acto que se volvería tradición –en vez de traición- en el país, los dirigentes apoyaron los intereses extranjeros sobre los nacionales y esto terminó con la orden emitida por el general Cortés Vargas, de abrir fuego contra los huelguistas, dando como resultado lo que se conoce por la Masacre de las Bananeras.
Entre 1930 y 1946 gobernarían los liberales y en 1946 llegaría al poder Mariano Ospina Pérez, a quien se quiso linchar tras el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán –en 1948- durante la inmediata reacción popular que desembocó en la total destrucción del Centro de la Capital -hechos conocidos como “El Bogotazo”-, y que terminó –de nuevo- en el ataque a la población civil por parte de las Fuerzas Militares.
Mientras todo esto pasaba en el país, el contexto internacional se unía en clamor por los hechos de la Segunda Guerra Mundial, de la que se destaca que la Iglesia –la misma que nos consagró al Sagrado Corazón de Jesús- no excomulgara a ningún alto mando nazi por las atrocidades de Auschwitz sino que por el contrario les prestara su apoyo como quedó constatado por el Cardenal Faulhaber que durante uno de sus sermones aclaró: “Todos ustedes son testigos del hecho de que todos los domingos y días festivos rezamos en todas las iglesias por el Führer, durante el servicio principal, tal como prometimos en el Concordato. . . . Nos ofende el que se ponga en duda nuestra lealtad al Estado”.

Volviendo al país del Sagrado Corazón de Jesús, se recuerda la victoria de Laureano Gómez en las elecciones de 1950 –de las que se abstuvo de participar el Partido Liberal-. Entre otras de las medidas por las que destacó este mandatario fue por el hecho de propiciar la violencia bipartidista. Durante su mandato nacieron células de guerrillas que protestaban por el rumbo que tomaba el país –que no feliz con la guerra interna, mandó tropas a la Guerra de Corea-.
Dizque con intenciones de pacificar al país, el General Gustavo Rojas Pinilla –abuelo del Alcalde de Bogotá- dio un golpe de Estado y su régimen totalitario también se caracterizó por el uso y abuso de las Fuerzas Militares contra la población. Antes de acceder al poder, el General Rojas había decidido que el tratamiento para un enfermo mental -Felipe Echavarría Olózaga- era desnudarlo, golpearlo y mantenerlo sentado durante horas en un bloque de hielo. Durante su mandato, hubo censura, se desterró y persiguió a la oposición mientras que el poder se le subía a la cabeza y daba cuenta de un gran nepotismo –algo así como un Chávez de la época, controlado a tiempo-.
Tras una Junta Militar Provisional se llegó al Frente Nacional mediante el cual, tal como lo relata William Ospina, “los instigadores de la violencia se beneficiaron de ella y se repartieron el poder durante 20 años, proscribiendo toda oposición, cerrando el camino de acceso a la riqueza para las clases medias emprendedoras, y manteniendo a los pobres en condiciones de extremo desamparo mientras acrecentaban hasta lo obsceno sus propios capitales”.
En 1968, aún con el Frente Nacional en funcionamiento, se permitió el acceso de otros partidos a las elecciones y en 1970, el General Rojas Pinilla, apoyado por su partido la Anapo (Alianza Nacional Popular), se presentó en las elecciones como el contendiente de Misael Pastrana Borrero quien era el candidato del Frente Nacional. El 19 de Abril se llevaron a cabo las elecciones durante el escrutinio, se interrumpió la transmisión y el resultado –que hasta el momento de la interrupción favorecía a Rojas- conocido al día siguiente fue el de la victoria de Pastrana.
En vista del presunto fraude, en 1974 se conformó el Movimiento guerrillero 19 de Abril (o M-19) y aunque tenía arengas de favorecer al pueblo –como todo grupo guerrillero que ha visto este país-, empezaron con las acciones terroristas –que tampoco le son ajenas a las guerrillas que ha visto este país- como el secuestro y posterior ejecución extrajuicio –entiéndase asesinato- del líder sindical y a la vez presidente de la Confederación de Trabajadores de Colombia, José Raquel Mercado.
Por esos mismos años, empezaba en Colombia el negocio que poco tiempo después la haría sobresalir no como una república bananera más o una confusión entre Kenya y Congo sino como el país de la droga por excelencia. Se empezaría a sembrar, cultivar, recoger y vender marihuana y después de la guerra por su erradicación se seguiría con la cocaína. Nacerían entonces algunas de las tristemente célebres figuras nacionales como Pablo Escobar –primo del asesor presidencial José Obdulio Gaviria- o los Ochoa –primos del presidente Uribe- y Gonzalo Rodríguez Gacha –alias el Mexicano- entre otros y se formarían los Carteles de Medellín y del Valle del Cauca –dirigidos por los hermanos Rodríguez Orejuela-.
Empezaron así las balas rezadas y las bombas consagradas a la Virgen María las que empezaron a destruir las ciudades del país por la guerra territorial entre los dos grandes carteles.
Por medio de este narcoterrorismo, las ya mencionadas mafias fueron permeando la clase dirigente y política colombiana y alcanzaron un alto grado de corrupción dentro de esta clase gobernante. Fue entonces que se ordenó y llevó a cabo el asesinato del Ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, quien había emprendido una cruzada contra el Cartel de Medellín.
Después vendría la firma del cese al fuego –y el inicio de otra de las ridículas tradiciones del país: la de negociar con terroristas- por parte del Gobierno de Belisario Betancourt y el M-19; quienes unos meses después se tomarían el Palacio de Justicia y en medio del enfrentamiento con el ejército, terminaron muertos casi todos los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, presididos por el gran jurista Alfonso Reyes Echandía. Además de estas muertes, todavía quedan preguntas sobre las desapariciones forzosas de algunas de las personas que lograron salir con vida del Palacio ese mismo día.

En 1989 gracias a que el político Alberto Santofimio Botero -quien acaba de ser dejado en libertad- convenció a Pablo Escobar de matar al candidato a la presidencia Luis Carlos Galán Sarmiento, quien fue asesinado en un mitín electoral en Soacha, el 18 de Agosto de ese año. En su reemplazo, a las elecciones se presentó su jefe de debate de campaña Cesar Gaviria Trujillo quien ganó en las elecciones y accedió a la presidencia.

En el primer año de su mandato, se promovió una Asamblea Nacional Constituyente que estuvo conformada en su mayoría por miembros del otrora M-19. Producto de la asamblea se obtuvo como resultado la Constitución de 1991, que –debido a la compra y persuasión de conciencias por parte de las mafias- prohibía entre otras cosas la extradición.
En la década de los ’90 se hicieron más atroces y despiadadas las acciones de los grupos guerrilleros-terroristas, que empezaron a hacer secuestros en masa, arrasar con poblaciones, siembra de minas antipersona, cobro de “boleteos” –o chantajes- a los campesinos y asesinato de personas con ideologías contrarias a su régimen.
En 1994, es elegido el presidente Ernesto Samper Pizano, cuya campaña estuvo financiada en parte por el Cartel de Cali, lo que dio inicio al Proceso 8000, que –para variar- terminó en una burla a la justicia. Por esa época el Gobernador de Antioquia –Álvaro Uribe Vélez- impulsó las Convivir que degeneraron en Grupos Paramilitares y con el paso del tiempo se convirtieron en un grupo terrorista más de igual talante que los guerrilleros.
En 1998 fue elegido Andrés Pastrana Arango –hijo del Pastrana “electo” el 19 de Abril de 1970-. Pastrana se caracterizó en su gobierno por continuar con la ridícula tradición de este país de negociar con terroristas y fue mucho más allá del diálogo: durmió con ellos, les despejó medio país –lo que hoy sigue siendo una duda el porqué no ha sido investigado, acusado y sentenciado por traición a la patria-, los llevó a conocer países de Europa que es improbable que conozcan las víctimas de ellos, limpió su imagen ante la comunidad internacional –y aquí surge otra duda: ¿es un milagro que todavía se encuentren dentro de las listas de organizaciones terroristas- y les avisó que iba a “retomar” la zona que les había despejado dándoles una ventaja de 24 horas.

En el 2002, fue elegido presidente Álvaro Uribe –quien tiene un oscuro pasado y fue el ponente de las Leyes 50 y 100, que en pocas palabras acaban con la Seguridad Social y el régimen de pensiones-, prometió que llevaría a cabo una guerra contra las guerrillas terroristas de las Farc y el Eln, sin embargo en sus primeros dos años de gobierno promovió un referendo que finalmente se hundió y en sus segundos dos años promovió su reelección, teniendo para esto que persuadir conciencias y cambiar un “articulito” de la Constitución.

En el 2006 fue reelegido y tras varios falsos positivos y utópicos llamamientos al diálogo, empezó a cumplir su palabra y atacó a los grupos terroristas dando hasta ahora como resultados la fascinante muerte de Raúl Reyes, la traición y ejecución a Iván Ríos por parte de sus subalternos y la gloriosa Operación Jaque –que fue un rescate y no una liberación como la titulan los medios-.

En el 2008, tras unos años de haber empezado el siglo, al Arzobispo de Bogotá, Cardenal Pedro Rubiano, no le bastó con lo que hace un siglo causó la consagración al Sagrado Corazón de Jesús y en un acto completamente irresponsable –¡raro de una autoridad eclesiástica!- consagró el país al Inmaculado Corazón de María.

Tristemente, quedamos a la espera de la inmediatez de sus efectos.




Ir a Premios al Síndrome de Estocolmo

Volver a El Chivo Expiatorio