Esta es una traducción libre de Can You Control Your Own Beliefs?, publicado en The Nature-Nurture-Nietzsche Newsletter por Turi Munthe el 27 de mayo de 2026 como post invitado.
Esta es una traducción libre de Can You Control Your Own Beliefs?, publicado en The Nature-Nurture-Nietzsche Newsletter por Turi Munthe el 27 de mayo de 2026 como post invitado.
Esta es una traducción libre de Populism fast and slow, publicada por Joseph Heath el 19 de octubre de 2025, en su página In Due Course
Hace unos días hablaba con una amiga que expresó su desprecio por Disney. Según ella, las Princesas Disney habrían enseñado a su generación a asumir roles de género conservadores y machistas: mujeres sin agencia, cuyo propósito sería depender de un hombre que las proteja y decida por ellas.
No es una opinión aislada. Una búsqueda rápida en Google muestra que este es un pensamiento bastante popular: muchos creen que Disney ha condenado a las niñas —y ya no tan niñas— a patrones de dependencia, sumisión y obediencia. Si esto fuera cierto, sería gravísimo. Pero ¿lo es?
Cuando pedí evidencia, mi amiga mencionó que ella y varias conocidas repiten conductas poco favorables para sí mismas, sobre todo en temas de pareja, donde aún buscan al “Príncipe Azul” protector. Sin embargo, no existe un solo estudio revisado por pares publicado en revistas indexadas con alto factor de impacto que demuestre una relación causal entre consumir contenido Disney y reproducir estereotipos de género.
Además, creo que tenemos otras buenas razones para ser escépticos de que las Princesas Disney han sido un vehículo de lavado de cerebro masivo para la sumisión de toda una generación (o más).
El IAT [Test de Asociación Implícita] sigue siendo una herramienta estándar para medir el prejuicio implícito, aunque algunos lo han criticado porque hay que realizarlo varias veces para que revele un resultado fiable, ya que las puntuaciones de las personas podrían cambiar cada vez que lo realizan. Incluso cuando los resultados son neutros en cuanto a la raza, la mayoría de los estudios revelan algún tipo de prejuicio inconsciente, como una preferencia no reconocida por determinadas orientaciones sexuales o religiones.Ohh, vaya, esto es un poco embarazoso — resulta que el racismo inconsciente es un mito, que no ha podido ser replicado mediante verificación independiente. Así es, el dichoso sesgo inconsciente no es más que una idea popular y chupiguay más, que se hizo célebre gracias a la crisis de replicación. Un producto de la negligencia en el quehacer científico, nada más.
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LOS CIENTÍFICOS llevan mucho tiempo estudiando diversos tipos de intervenciones que intentan " eliminar" los prejuicios implícitos, pero pocas de ellas han demostrado efectos duraderos. "Existe una sólida base científica en torno al sesgo implícito", afirma [Rachel] Hardeman. Sin embargo, "ahora mismo no existe una pauta de referencia sobre cómo intervenir. Está impreso en nuestros cerebros de formas que lo hacen realmente difícil".
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A continuación, el equipo de UnBIASED utilizó un tipo de inteligencia artificial (IA) conocida como aprendizaje de máquinas para analizar patrones en las grabaciones e identificar señales no verbales que pudieran indicar prejuicios implícitos. En una de las grabaciones que le mostraron a [el Dr. Brian] Wood, éste hablaba con un paciente mientras estaba inclinado hacia delante con los brazos cruzados sobre el escritorio, un lenguaje corporal que le preocupa que pueda haberle hecho parecer cerrado e inaccesible. "Reflexioné sobre la forma en que ese lenguaje corporal podía ser percibido por el paciente", dice. Wood, que espera mejorar su comportamiento, dice que agradece estos comentarios y que está deseando recibir más.
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Conseguir la participación de todos los sistemas sanitarios podría acelerar el proceso. Recientemente, los estados de California, Michigan, Maryland, Minnesota y Washington han aprobado leyes que obligan a los profesionales médicos a recibir formación sobre prejuicios implícitos. Y desde junio de 2022, los médicos de Massachusetts están obligados a recibir formación sobre prejuicios implícitos para obtener una nueva licencia o recertificarse para ejercer.
En 2010, por cuenta del estudio de Nyhan y Reifler, nació el concepto de efecto contraproducente (o backfire effect), que más o menos venía a decir que cuando alguien tiene una creencia muy arraigada, tratar de corregir esa creencia u ofrecer información que atentara contra la misma lo único que haría sería fortalecer esa creencia — en su momento lo explicamos aquí. En 2012, Nyhan, Reifler y Ubel condujeron otro estudio con 900 sujetos, que volvió a encontrar que existía el efecto contraproducente.
Aunque resulta muy popular, la idea de que la pornografía causa agresión sexual o que es un factor en la violencia machista carece de sustento empírico.









