Este 'argumento' dirigido al respeto es, como no,... una falacia.
Básicamente consiste en dar por válida alguna afirmación no por su contenido per se sino por las virtudes de su proponente. ¡Es una Falacia Ad Hominem a la inversa!
En cuántas ocasiones no he oído o leído que grandes científicos como Newton, Keppler y Galileo eran religiosos y que si yo por ser ateo me considero superior a ellos o, peor aún, que quién soy yo para cuestionarlos.
En primer lugar, es triste y francamente deplorable que se acuda a nombres de grandes científicos en favor de dios (incluso corre el falso rumor de que Darwin, en su lecho de muerte se convirtió en creyente) y peor aún de la religión.
En segundo lugar, creer porque alguien más lo hace plantea serias dudas sobre la (¿falta de?) personalidad y seriedad de otra persona y su incapacidad manifiesta para hacer juicios de valor por sí misma.
En último lugar, se puede refutar con un hecho que hay que manejar con cuidado para que no se convierta en falacia (ni Ad Verecundiam ni Ad Populum): 9 de cada 10 científicos son no-creyentes.
Un gran ejemplo a la hora de la falacia de marras nos lo proporciona Ernesto Sábato quien dice en su "Hombres y Engranajes":
Sin embargo ni Kepler ni Galileo ni Newton ni Maupertuis dejaron de creer en esa Hipótesis.
¡No es de extrañar que en el espectro político sea una entera contradicción: dizque es "anarcocristiano"!




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