Una de las conversaciones de política y actualidad nacional que me trajo esta temporada electoral fue sobre Antanas Mockus, quien se ha convertido en un referente moral invocado con cierta frecuencia, especialmente cuando hay políticos o candidatos particularmente impresentables — que es casi todo el tiempo. Este es un buen momento para analizar más detenidamente la figura de Mockus y poner bajo la lupa esa aura de santidad secular que le ha sido conferida.
Mi hipótesis es que Mockus fue un genio de las relaciones públicas y el mercadeo: se vendió como un ‘antipolítico’ y así se dedicó a la política casi por 30 años. Tiene una facilidad pasmosa para convertirse en el centro de atención y hacer lo que cualquier político hace, mientras el público permanece embelesado con sus payasadas. Creo que, aunque severo, este es un resumen justo de su carrera política.


















