El cuerpo dirigente de los Testigos de Jehová acaba de anunciar un cambio sustancial en su conocida política sobre las transfusiones de sangre, establecida en 1945:
El cuerpo dirigente de los Testigos de Jehová acaba de anunciar un cambio sustancial en su conocida política sobre las transfusiones de sangre, establecida en 1945:
Jonathan Asdrúbal Valenzuela Andrade era la persona detrás de Ateo Digital, una cuenta de redes sociales que sigo en Instagram. Su contenido no aparecía con demasiada frecuencia en mi feed, pero, cuando lo hacía, solía encontrarme con comentarios incisivos y acertados. Algunos amigos discreparon con él en determinadas ocasiones, porque consideraban que a veces se pasaba de la raya. Yo no llegué a cruzarme con su contenido lo suficiente como para formarme una opinión concluyente en uno u otro sentido. Pero eso, en realidad, es secundario.
Yo creo que la muerte de una persona no debería utilizarse para ganar una disputa ideológica. No hace falta compartir las ideas de Valenzuela, defender cada publicación que hizo ni idealizarlo para reconocer que su familia y personas cercanas están de duelo y que su muerte no convierte sus convicciones en una lección pública.
La comunidad atea apenas comenzaba a enterarse del fallecimiento de Valenzuela cuando ya habían aparecido cristianos en redes sociales burlándose, celebrándolo o regodeándose con la noticia.
Amor cristiano en su más pura esencia:
El kambó (o kambo) es una sustancia cerosa secretada por la rana mono gigante de las cuencas del Amazonas y del Orinoco. Tradicionalmente, algunas tribus indígenas de la región la han utilizado para supuestamente mejorar la fertilidad, purificar el cuerpo y el espíritu, aumentar la fuerza, atraer buena suerte en la caza, expulsar espíritus malignos, inducir abortos e incluso curar la pereza.
En los tiempos buensalvajistas que corren, el ritual del kambó ha ganado una popularidad notable en círculos new age y de pseudomedicina. Edzard Ernst explica en qué consiste el ritual:








