El sitio Letters from Leo reporta un suceso que ocurrió en enero de 2026, en el que la administración Trump habría amenazado a la Iglesia Católica:
El sitio Letters from Leo reporta un suceso que ocurrió en enero de 2026, en el que la administración Trump habría amenazado a la Iglesia Católica:
Vaya, este 2026 ha sido una década muy larga...
El aspirante al Nobel de Paz Donald Trump, y el miembro de su Junta de la Paz y carnicero de Gaza, Benjamin Netanyahu, han llevado a cabo un operativo de bombardeos estratégicos contra Irán, en el que han dado de baja al brutal dictador islámico Ali Khamenei.
Comentar sobre esto es invitar un dolor de cabeza porque aparentemente la mayoría de comentaristas necesitan que toda historia tenga un protagonista bueno, y la realidad muchas veces es más varios tonos de gris oscuro que un simple blanco-y-negro. En todo caso, vamos a intentarlo.
En 2011 la organización Humanists International publicó el informe Libertad de Pensamiento, un índice global sobre el estatus social, legal, jurídico y cultural de los ateos, humanistas, y no-religiosos en general en el mundo, y sobre cuánta discriminación e intolerancia sufrimos en todo el planeta.
En ese momento la situación era desoladora y no es exagerado decir que las actualizaciones desde entonces no han sido precisamente esperanzadoras.
En los tiempos posmodernos que corren, no es raro toparse con quien se describe como “católico no-practicante”, o con los que dicen “creo en dios, pero no en la Iglesia”, que, para mí, es un poco como creer en Romeo y Julieta pero no en Shakespeare.
Los lectores habituales sabrán que estas etiquetas me resultan fastidiosas porque me parece que se originan de la más abyecta pereza intelectual de no querer tomarse cinco minutos para definir una epistemología clara. Porque eso es precisamente lo que falta: una forma coherente de decidir qué se considera verdadero y qué no. Quien evita esa tarea termina usando estos comodines identitarios que, de seguro, les ahorran muchas explicaciones y preguntas de seguimiento, en comparación con alguien que responda que es druida, o que cree en Quetzalcóatl, o que al morir irá al Valhalla y se reunirá con Odín.
Con el perdón de aquellos católicos que lo son “por tradición” y los que están “en transición” hacia el ateísmo, el problema es que, por definición, la única manera de ser católico es siendo practicante. Ser católico implica aceptar la autoridad del obispo de Roma como guía espiritual; y que Jesucristo es una de las tres personas divinas del solo dios verdadero, que resucitó a los tres días; y que María dio a luz siendo virgen, y que en vez de morir ascendió a los cielos.
La realidad, sin embargo, es que la idea es infundada en su mayoría.
Esta es una traducción libre del artículo Why Secularists Calling for a Christian Revival Are Wrong, de Helen Pluckrose, publicado en la revista Skeptic el 22 de octubre de 2025
Recientemente hubo un matrimonio en mi familia al que asistieron muchos parientes con quienes no me veía desde hacía años. Uno de ellos, con quien comparto una cosmovisión bastante similar, me cuestionó por qué no había asistido a la misa matrimonial: “es en lo que creen los novios, y si los hace felices, ¿por qué no asistir?”. Me preguntó también si acaso dejaría de ir a una boda temática, celebrada con disfraces de Avengers o de Star Wars.
Tal vez no lo haría. Aunque la diferencia entre creer en Thor o en Yoda y creer en Jesucristo radica en algo esencial: no existe un movimiento político que busque modificar las leyes en nombre de Mjölnir, ni campañas para prohibir conductas que ofenderían a Darth Vader.
Mientras el cristianismo —o cualquier otra religión— siga intentando que las leyes de todos se adapten a sus creencias privadas, no veo motivo para tratarlo como una creencia personal, peculiar e inofensiva, en vez de reconocerlo como lo que realmente es: un movimiento político.
Y nadie ilustra mejor ese uso de la religión para hacer política que el multimillonario Peter Thiel, quien se acaba de estrenar como profeta con una serie de charlas sobre el supuesto Anticristo. Curiosamente, según él, el Anticristo será alguien que promueva regulaciones para la industria tecnológica, y le parece normal que los ricos paguen su justa porción de impuestos.
Aunque las charlas eran privadas, alguien filtró una grabación al Washington Post, que reportó lo siguiente: