sábado, 21 de febrero de 2026

Catolicismo a la baja en América Latina



Buenas noticias: el catolicismo sigue perdiendo fieles en Latinoamérica. Según un reporte del Pew Research Center publicado en enero de 2026, la identificación católica ha disminuido considerablemente en varios países latinoamericanos durante la última década, mientras que la proporción de personas sin afiliación religiosa ha aumentado. Aún así, la creencia en dios y la práctica religiosa siguen siendo elevadas en toda la región.

A dónde van los excatólicos

En Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, la proporción de adultos católicos ha disminuido al menos 9 puntos porcentuales desde 2013-2014, aunque los católicos siguen constituyendo el grupo religioso más numeroso (entre el 46 % y el 67 % de los adultos en cada país).

Durante el mismo periodo, los no-afiliados a ninguna religión (ateos, agnósticos, y los “creo-en-dios-pero-no-en-la-Iglesia”) han aumentado al menos 7 puntos porcentuales en todas partes, duplicándose aproximadamente en Argentina, Brasil y Chile, triplicándose en México y Perú, y casi cuadruplicándose en Colombia, hasta alcanzar entre el 12 % y el 33 % de los adultos.1

En Argentina, Chile, Colombia y México, los sin-religión superamos ahora en número a los protestantes, mientras que la identificación protestante se ha mantenido relativamente estable en general (por ejemplo, el 29 % de los adultos en Brasil hoy en día frente al 26 % en 2013-2014).

Casi dos de cada diez adultos o más en cada uno de los seis países fueron criados como católicos que desde entonces han abandonado la Iglesia. La mayoría de los excatólicos ahora se identifican como sin afiliación religiosa, aunque algunos se han convertido al protestantismo; en Colombia, por ejemplo, el 13 % de todos los adultos fueron criados como católicos y ahora son “sin-religión”, y el 8 % fueron criados como católicos pero ahora son protestantes.

Qué tan religiosa sigue siendo la gente

A pesar de los cambios institucionales, la mayoría de los adultos en todos los países aún se identifican con alguna religión, desde el 66% en Chile hasta el 88% en Perú, incluyendo diversas tradiciones cristianas y no cristianas.

La creencia en dios es casi universal, y va del 89% de los adultos en Chile al 98% en Brasil; incluso mayorías de quienes no tienen religión dicen creer en dios (aproximadamente tres cuartas partes de los sin-religión en México, por ejemplo).

La mitad o más de los adultos en Brasil, Colombia, México y Perú dicen que la religión es muy importante en sus vidas (79% en Brasil, 57% en Colombia), aunque esta proporción es menor en Chile (40%) y Argentina (37%).

Muchos participan en prácticas habituales: alrededor de cuatro de cada diez adultos o más en cada país rezan a diario (del 39% en Argentina al 76% en Brasil), cerca de la mitad o más en Brasil, Colombia, México y Perú asisten a servicios religiosos al menos una vez al mes, y una proporción considerable lleva o porta símbolos religiosos (31% en Chile a 45% en México).

Diferencias entre católicos, protestantes y sin-religión

Los protestantes suelen ser los más observantes: dicen que la religión es muy importante y asisten semanalmente a servicios con más frecuencia que los católicos y los sin-religión; por ejemplo, el 63% de los protestantes argentinos acude semanalmente a misa, frente al 12% de los católicos y el 2% de los sin-religión (?).

Los católicos y sin-religión tienden más que los protestantes a sostener ciertas creencias espirituales, como ver espíritus o energías en partes de la naturaleza (por ejemplo, en Brasil, alrededor de seis de cada diez católicos y no afiliados dicen esto, frente a cerca de la mitad de los protestantes).

Los católicos tienen mucha más probabilidad que los protestantes y los sin-religión de llevar o portar objetos o símbolos religiosos, como en Colombia, donde seis de cada diez católicos lo hacen, frente a aproximadamente dos de cada diez o menos entre protestantes y no afiliados.

Sin-religión no es sinónimo de ateo en América Latina

El reporte encontró que, en promedio, los sin-religión en América Latina son aproximadamente tan religiosos como los cristianos en Europa, en tres sentidos: la creencia en dios, la frecuencia con la que rezan, y la gran importancia que le dan a la religión.

En cuanto a la creencia en dios, entre el 62% y el 92% de los sin-religión en América Latina dicen creer en dios (62% en Argentina, 92% en Brasil), cifras similares a las de los cristianos europeos (58% en Suecia, 92% en Italia).2

Un tercio o más de los sin-religión en Brasil, Colombia y Perú oran al menos diariamente, proporciones comparables a las tasas de oración diaria entre cristianos de varios países europeos; y alrededor de cuatro de cada diez no afiliados en Brasil y Perú dicen que la religión es muy importante en sus vidas, niveles similares a los de los cristianos en Grecia y los Países Bajos.

¿Qué estamos haciendo?

Aquí quizá conviene preguntarnos si el activismo ateo ha contribuido en algo a esta tendencia.3 Estas cifras apuntan a que la promoción del pensamiento crítico, hasta ahora, no ha sido tremendamente exitosa.

El reporte cubre los años de 2014 a 2024, así que se trata más o menos del período en el que la mal llamada Justicia Social arruinó el ateísmo (y el escepticismo), y destruyó el impulso que llevábamos a nivel global para influir en políticas públicas.4

Un análisis preliminar del reporte sugeriría que la región se ha venido sacudiendo el catolicismo por su propia cuenta, independientemente de lo que hagamos los ateos en estos países. Si estuviéramos teniendo un impacto, el abandono del catolicismo habría venido acompañado de un declive similar de la creencia en dios, y también habría habido impacto entre los protestantes.

Aunque suene anecdótico, cuando alguien me dice que mis publicaciones y forma de pensar le ayudaron a emanciparse del catolicismo, normalmente es porque se libró de la superstición por completo, y no de a pedacitos. Uno no abandona el catolicismo porque no hay evidencia de dios, para simplemente empezar a hablarle a los árboles y creer que los espíritus habitan el mundo.

En todo caso, también tenemos algunos indicios de por qué las personas abandonan el catolicismo — y no, no parece que sea por el activismo ateo.

Primero, más buenas noticias: resulta que en EEUU, también ha habido una marcada reducción de católicos que van a misa o son miembros de iglesias. Otro reporte del Pew Research Center encontró que las principales razones por las que los americanos abandonan el catolicismo son:

  1. Ya no creen en las enseñanzas de la religión (46 %).

  2. Escándalos relacionados con el clero o los líderes religiosos (39 %).

  3. No están de acuerdo con las enseñanzas de la religión sobre cuestiones sociales y políticas (37 %).

Algunas o todas de estas razones podrían también ser por las que el catolicismo ha perdido tanto terreno en Latinoamérica.

El reporte de América Latina profundiza en las creencias y prácticas religiosas y espirituales en la región, y ahí sí nos rajamos. La mayoría de latinoamericanos cree en dios, en la vida después de la muerte, en la reencarnación, en los hechizos, en espíritus, maldiciones, en ‘las energías’ (entendidas como algo diferente a la “fuerza necesaria para realizar un trabajo”), y en un mundo espiritual que habita en la naturaleza.

Que la Iglesia Católica esté perdiendo fieles a raudales nos dice algunas cosas,5 y que el pensamiento mágico siga intacto nos dice que hace dos décadas los ateos y escépticos en Latinoamérica no estábamos haciendo lo suficiente —o al menos no lo suficientemente bien— para tener un impacto notable en las estadísticas de hoy.6

Conozco de primera mano la cantidad de obstáculos que enfrenta el activismo ateo, y la falta de impacto visible puede deberse a una combinación de estos o, simplemente, a que aún no alcanzamos una masa crítica que haga una diferencia en las encuestas.7

La información del reporte podría servirnos para ajustar las miras y enfocar los caminos que vamos a seguir en nuestro activismo.

Por ejemplo, lo primero que se me ocurre es poner en marcha una estrategia de comunicaciones para contactar a los excatólicos que ya no creen en dios, y dejarles saber que no están solos, y que hay quienes nos preocupamos lo suficiente por sus derechos como para acudir a los tribunales cada vez que algún servidor público desperdicia dinero de los contribuyentes en alguna chorrada religiosa.

Lo segundo sería acercarse y debatir con los excatólicos que se pasaron al cristianismo evangélico. Que una persona se pase de una superstición a otra indica que la primera ha perdido su capacidad de retención, y eso sugiere que las personas están más dispuestas a cuestionar el dogma de lo que lo estaban antes — una señal de apertura a nuevos argumentos contra su superstición actual.

Lo tercero, relacionado con el punto anterior, es empezar a enfocar los esfuerzos más hacia el cristianismo evangélico que hacia el catolicismo, dado que el primero ha absorbido gran parte de los creyentes del segundo y podría consolidarse como la próxima mayoría religiosa en varios países (si no lo es ya).

Con los protestantes no sirve ridiculizar la supuesta virginidad mariana, ni poner en entredicho la autoridad del Papa, porque ellos ya están ahí. Con ellos hay que defender la evolución, desmontar la estafa del evangelio de la prosperidad y combatir la manipulación emocional de las niñas haciéndolas hacer promesas de virginidad —que las destruye emocionalmente cuando las incumplen, o que las priva de desarrollar una sexualidad sana y buscar la compatibilidad con sus parejas a largo plazo hasta cuando ya es demasiado tarde—. A diferencia del catolicismo, que usa a sus ensotanados servidores para envenenar el ordenamiento jurídico con su superstición, los evangélicos suelen energizar a sus propias bases, y amaestrarlos para que militen políticamente y que promuevan proyectos fascistas y agendas anti-derechos.

Por eso, bien haríamos en prepararnos para redoblar esfuerzos en la defensa de las conquistas sociales ya obtenidas —en los países donde las hemos obtenido—, como el aborto, la eutanasia, la incipiente legalización de las drogas, y el matrimonio gay.

Si algo dejan claro estos datos es que el lento derrumbe del monopolio católico no equivale a una victoria automática para el pensamiento crítico. El mapa religioso de América Latina se está reconfigurando sin que necesariamente termine ganando la Razón. Podemos dejar que la superstición se reorganice con nuevos disfraces, o tratar de cortarla de raíz.

Yo voto por esto último.

(vía The Religiverse)

1

Es, literalmente, increíble.

2

¿Hay cristianos que no creen en dios? ¿Cómo es eso?

3

Hay una discusión sobre si el movimiento escéptico y el movimiento ateo son uno y el mismo, si están relacionados, o si no tienen que ver para nada el uno con el otro.

Para mí, el movimiento ateo y escéptico son inseparables, pues el primero se colige del segundo: si uno no cree en el yeti o los fantasmas porque no hay evidencias, y tampoco hay evidencias de ningún dios, pues por la más elemental congruencia, es ateo; y en vista de que el mundo está empeñado en tratar a los ateos como ciudadanos de segunda clase (o peor), y contaminar los ordenamientos jurídicos para garantizar un tratamiento privilegiado a la religión y sus líderes, pues resulta apenas natural hacer activismo para mantener separado al Estado de las iglesias.

El ateísmo no es más que una conclusión lógica del escepticismo, así que el activismo ateo se suele desarrollar en dos ejes, o corrientes: promulgar el pensamiento crítico y el escepticismo; y hacer activismo jurídico.

Como suele ocurrir, normalmente no se cuenta con las suficientes personas, tiempo, o dinero como para poder hacerlas ambas al tiempo tanto como merecerían, así que quienes hemos hecho activismo ateo siempre nos hemos visto en la necesidad de priorizar lo uno o lo otro dependiendo del momento. Y a veces se genera tensión entre los órdenes de prioridades de cada quién. Yo siempre fui de la opinión de que la función principal de una organización explícitamente atea es defender los derechos de los no-creyentes en los estrados judiciales, y promover el pensamiento crítico y el escepticismo de segundas. Primero, porque en el mundo basado en reglas que ahora se está cayendo a pedazos, conseguir que se siente un precedente jurídico se convierte automáticamente en una conquista de derechos. Y segundo, porque, aún siendo tremendamente valiosa, la divulgación del pensamiento crítico da frutos en 20 años, y no es justo con los ateos del presente decirles que se esperen porque la próxima generación será más racional. Eso es maravilloso, pero deja desamparados a los ateos de hoy. Un precedente jurídico protege a los ateos en el presente y en el futuro.

En todo caso, mis prioridades no necesariamente han sido siempre las prioridades de las organizaciones ateas con las que he trabajado, y es mi sentir que por lo general se le ha dado más importancia a la promoción del pensamiento crítico por encima del activismo jurídico. Y si ese esfuerzo ha sido exitoso de alguna manera, eso debería reflejarse en las cifras.

4

Podríamos haber fomentado una separación más estricta entre Estados e iglesias, hecho énfasis en que las leyes se basaran en la mejor evidencia disponible, fortalecido las protecciones para los no-creyentes en los países más peligrosos para nosotros y, en general, hecho de este un mundo más racional y humano. Aunque realmente no espero nada de la escoria woke, en mis sueños guajiros por lo menos uno de ellos se está dando golpes de pecho por haber llevado a tantas personas blancas de escasos recursos a votar por Trump al acusarlos de tener privilegios y de ser supremacistas blancos por el solo hecho de tener el color de piel con el que nacieron. ¡Felicidades, genios! Su postureo de superioridad moral terminó siendo una profecía autocumplida. Y ahora todos estamos pagando los platos rotos. Qué costosos nos salieron estos posers de antifacha.

5

Que el número de creyentes católicos “practicantes” siga reduciéndose nos dice que hay menos personas yendo a la iglesia, y dando diezmo. ¡Y la Iglesia lo sabe! No en vano, sus dos últimos Papas han sido latinoamericanos elegidos precisamente por sus habilidades de relaciones públicas, para intentar detener la hemorragia de fieles, poniéndole una cara amable al fascismo, cual veneno recubierto de chocolate.

Y que la jugada no les esté funcionando (o no tan bien como ellos esperaban) es una buena noticia. Recordemos que toda secta, culto, religión e iglesia no son más que un modelo de negocio, y que todo lo que les importa (a los que mandan) son los ingresos. Cada vez que el Papa Frank o el Papa Leo han dado declaraciones matizando la postura oficial de la Iglesia, eso significa que están sangrando dinero a borbotones, y ellos simplemente están tratando de hacer su trabajo: mejorar la imagen de la Iglesia, para dejar de perder borreguitos.

6

Igual, hace veinte años, en 2006, no había movimiento ateo y escéptico energizado, ni organizaciones ateas (por lo menos en Colombia). Todo esto empezó a tomar forma en 2008 con los cuatro jinetes, más o menos en 2010 teníamos un muy buen rumbo, y en 2012 formamos las primeras organizaciones ateas de Colombia, así que la promulgación del pensamiento crítico en el país debería estar dando resultados visibles en las encuestas en una media docena de años. Ajustemos las miras a 2033, y si el mundo sigue aquí, le medimos el pulso a la apuesta de promulgar el pensamiento crítico — y realmente espero que tenga mejores resultados. A quienes les interese, el movimiento escéptico los necesita; ¿se apuntan?

7

También sería injusto fingir que no ha pasado nada en el frente secular: en paralelo a la desafección institucional con la Iglesia hemos visto avances laicos y de derechos (matrimonio igualitario, aborto, eutanasia) que no se explican sin décadas de trabajo de organizaciones de derechos humanos (feministas, LGBTI, y, también ateas y escépticas). ¿Ven lo que decía de las victorias jurídicas como conquistas sociales?


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Publicado en De Avanzada por David Osorio | ¿Te ha gustado este post? Suscríbete para no perderte las próximas publicaciones

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