El kambó (o kambo) es una sustancia cerosa secretada por la rana mono gigante de las cuencas del Amazonas y del Orinoco. Tradicionalmente, algunas tribus indígenas de la región la han utilizado para supuestamente mejorar la fertilidad, purificar el cuerpo y el espíritu, aumentar la fuerza, atraer buena suerte en la caza, expulsar espíritus malignos, inducir abortos e incluso curar la pereza.
En los tiempos buensalvajistas que corren, el ritual del kambó ha ganado una popularidad notable en círculos new age y de pseudomedicina. Edzard Ernst explica en qué consiste el ritual:
Los participantes consumen grandes cantidades de agua antes de que los facilitadores les provoquen quemaduras superficiales en la piel, aplicando la toxina de la rana directamente sobre las heridas abiertas. Esta práctica desencadena un shock sistémico violento caracterizado por taquicardia, fluctuaciones drásticas de la presión arterial, vómitos intensos y diarrea aguda. Si bien quienes la defienden confunden este intenso trauma físico con un proceso de purificación, los expertos médicos confirman que no existe evidencia empírica que respalde estos supuestos beneficios.
El tema llegó a la atención de Ernst a raíz de la muerte de Kristian Trend, un coach de bienestar espiritual de cuarenta años. Trend había superado un cáncer en sus veintes y, tras esa experiencia, dedicó su vida al bienestar holístico, la meditación y la nutrición. Resulta difícil no ver la ironía trágica: alguien que probablemente sobrevivió gracias a la medicina basada en evidencia terminó abrazando prácticas pseudocientíficas. Aprendió la lección equivocada, y dos décadas después eso le costó la vida. Ojalá alguien le hubiera explicado que no todo causa cáncer, y que todo es natural, incluso los venenos.
Este tampoco es un caso aislado. Wikipedia recoge un listado de muertes de occidentales en rituales kambó documentadas desde 2008. Y dado que las poblaciones indígenas son humanas, es razonable suponer que el ritual también se ha cobrado una buena cantidad de vidas indígenas, pero como "es su cultura", tratarlos con la dignidad que les corresponde y mencionar esas muertes es visto como inapropiado por el racismo de menores expectativas alguna extraña razón.
En cualquier caso, si alguien busca mejorar su bienestar, existen alternativas mucho más seguras y efectivas: acudir a terapia psicológica, caminar descalzo sobre césped, mejorar la dieta con más legumbres y proteína, mantener una rutina de estiramientos, cultivar el agradecimiento o simplemente pasar tiempo con amigos. Frente a esto, quemarse la piel, aplicar una toxina sobre heridas abiertas y someter al cuerpo a un shock sistémico debería ocupar un lugar muy bajo en la lista de opciones.
La pseudociencia mata, tenga raíces indígenas o no.
____Publicado en De Avanzada por David Osorio | ¿Te ha gustado este post? Suscríbete para no perderte las próximas publicaciones



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