martes, 4 de agosto de 2026

Preguntas sobre la prohibición de redes sociales para niños



La prohibición de las redes sociales para menores de 16 años está de moda en todo el mundo. Hay apetito por parte de los padres para que se haga algo, y no hay nada más fácil para un político que ejecutar la maniobra de “¿alguien quiere pensar en los niños?”. Así que, por supuesto, esto iba a pasar.

Los estudios sugieren correlaciones entre el uso de redes y problemas de salud mental en adolescentes. Estos riesgos son reales y preocupantes (aunque notemos que por ahora sólo son correlaciones), pero la prohibición es una solución mal diseñada para un problema real. Y como parece que igual van a seguir adelante, vale la pena que nos hagamos algunas preguntas que los legisladores deberían tener claras al crear estas leyes.

Empecemos por lo básico: ¿cómo va a funcionar la prohibición? ¿Ningún niño debería tener cuentas en redes sociales, o deberán ser las compañías las que restrinjan el contenido al que pueden acceder? ¿Los niños van a poder descargar la aplicación en sus dispositivos y acceder al contenido sin poder interactuar, o se va a impedir que lo descarguen? Y, sobre todo, ¿cómo van a prohibirlo técnicamente?

Esto nos lleva a otra pregunta: ¿se va a eximir a los padres de agencia y responsabilidad en la decisión? Los padres, por lo general, no quieren quitarles los teléfonos a sus hijos, y prohibir los dispositivos en los colegios ha dado resultados mixtos. Si la ley asume que los padres no son capaces de decidir, ¿dónde quedan la responsabilidad paterna y la autonomía familiar?

Si la prohibición va en serio, ¿qué mecanismos de verificación se van a usar? ¿Va a funcionar como en los sitios pornográficos, que sólo dependen de la honestidad del navegador?1 Si no, ¿van a usar documentos de identidad, o algún tipo de tecnología de reconocimiento facial?2 Y si se recoge información sensible, ¿los datos que se recojan van a las compañías dueñas de las redes sociales o a bases de datos del gobierno? Cada una de estas opciones tiene implicaciones profundas para la privacidad y la seguridad de los menores.

Otro punto importante: ¿qué redes sociales se van a prohibir? ¿Qué clasifica como una red social? Facebook, Twitter, Instagram y TikTok damos por descontado que sí. Pero ¿también se va a prohibir Snapchat? ¿Y qué hay de YouTube? ¿Discord, Telegram, WhatsApp? ¿Qué ocurre en el caso de las Substack Notes y los Patreon Quips, que vienen por defecto con una cuenta en dichos portales? ¿Qué ocurre con las que no ofrecen mensajería instantánea? ¿Sólo se van a prohibir redes a las que se puede acceder únicamente desde el teléfono móvil? La línea es más borrosa de lo que parece.

También hay que preguntarse: ¿qué consideraciones se van a tener con los niños cuyo uso de redes sociales ha tenido resultados positivos? Hay niños que no han encontrado sus comunidades o redes de apoyo en su entorno inmediato, y a quienes las redes sociales les han provisto de dichas comunidades. Para muchos, especialmente aquellos en situaciones de marginalidad o aislamiento, las redes han sido un salvavidas. ¿Qué va a pasar con esos niños?

Y luego está el tema de la educación. ¿Qué consideración se le ha dado a la educación? ¿Hay espacio para utilizar las redes sociales en el entorno educativo? ¿Se ha considerado añadir a los currículos educativos clases destinadas a desarrollar el pensamiento crítico, a que los niños aprendan a distinguir mentiras "noticias falsas" de las verdaderas, a identificar falacias para que sepan cuándo se han cruzado con contenido sesgado? ¿Se ha considerado enseñarles a hacer curaduría de su algoritmo? En lugar de prohibir, ¿por qué no educar?

Esto nos lleva a una pregunta aún más esencial: ¿por qué no prohibir las “noticias falsas”? ¿Se ha considerado multar agresivamente a las compañías de redes sociales que permitan, distribuyan y amplifiquen contenido falso? Si se trata de “pensar en los niños”, ¿por qué deben ser los niños quienes se lleven la peor parte de lo que se haga para protegerlos? ¿Por qué la carga recae sobre los menores y no sobre las plataformas que se benefician de la atención y la polarización?

Si tanto nos gusta prohibir, ¿por qué no prohibimos la optimización de algoritmos para maximizar el tiempo que uno pasa pegado a la pantalla? ¿Por qué seguimos permitiendo que los data brokers vendan nuestra información más íntima al mejor postor? ¿Acaso no sería una mejor prohibición que las compañías no puedan acceder a los datos más privados de sus clientes?

Y, mientras estamos en eso, ¿cómo protegemos a los adultos de los daños de las redes sociales? Porque los adultos también somos vulnerables a la desinformación, la adicción al scroll infinito, los estándares de belleza imposibles y la manipulación algorítmica.

Porque, no sé, pero esto de prohibir las redes sociales suena mucho a tratar de volver a meter la crema dental en el tubo. ¿Y si, en lugar de prohibir, regulamos las plataformas, educamos a los niños y empoderamos a los padres?



1 Las leyes de verificación de edad en sitios pornográficos han sido fácilmente evadidas con VPNs.

2 En Australia lo hicieron con reconocimiento facial y más se demoraron en aprobar la ley que los niños en burlar la prohibición y conseguir acceder al contenido.

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Publicado en De Avanzada por David Osorio | ¿Te ha gustado este post? Suscríbete para no perderte las próximas publicaciones

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