En la década de los Cincuenta, los sacerdotes Pellegrino Ernetti y Agostino Gemelli intentaban reparar una grabadora averiada, sin demasiado éxito. Frustrado, Gemelli recurrió a un viejo hábito: pedirle ayuda a su difunto padre. Para su sorpresa, al reproducir la cinta, aseguraron escuchar la voz del padre respondiendo que sí, que le ayudaría. En lugar de optar por una explicación más terrenal —fallos técnicos, sugestión, sesgo de confirmación— o buscar una segunda opinión, escalaron el asunto directamente ante el papa Pío XII, quien, lejos de desestimarlo, los animó a continuar con su “investigación” en el terreno de lo paranormal.
Aunque Gemelli murió en 1959, Ernetti siguió con el trabajo y armó un dispositivo compuesto de tubos de rayos catódicos, antenas y cables que, supuestamente, era capaz de captar señales de sonido y luz en todas las longitudes de onda.1 En esos años, grabar un sonido nítido ya era todo un reto tecnológico: magnetófonos de cinta, válvulas de vacío y una electrónica todavía muy analógica llenaban estudios y laboratorios. Que en medio de esa realidad alguien asegurara haber creado un dispositivo capaz de captar todas las longitudes de onda de luz y sonido con unos cuantos tubos de rayos catódicos y un cableado improvisado sería como si alguien hoy afirmara poder teletransportarse usando solamente un teléfono celular pegado con cinta a un telescopio. Ernetti no era un desconocido: era un monje benedictino, musicólogo, experto en canto gregoriano y exorcista reconocido en Venecia, por lo que tenía un pie firme en la, por llamarla de alguna manera, intelectualidad católica. En esos círculos conoció al teólogo francés François Brune, quien se convirtió en su amigo. Ernetti le confió la información sobre su invento, y Brune quedó tan fascinado que escribió un libro, Le Nouveau Mystère du Vatican (El nuevo misterio del Vaticano) al respecto.
Ernetti le contó que había visto la destrucción de Sodoma y Gomorra, y que había sintonizado discursos de Mussolini, Napoleón, el emperador Trajano y Cicerón; además, se había dado el gusto de ver la obra perdida Tiestes de Quinto Ennio. Ernetti le contó a Brune que había reconstruido la obra una vez que la sintonizó.
El cronovisor consistía de tres partes. Primero, varias antenas hechas de aleaciones de tres metales misteriosos; las antenas eran capaces de captar todas las longitudes de onda de luz y sonido. Luego tenía una especie de radiogoniómetro, activado por las longitudes de onda de luz y sonido que recibía; este radiogoniómetro podía configurarse para un lugar, fecha e incluso persona específicos. La última parte era un conjunto extremadamente complejo de dispositivos de grabación, que permitía grabar sonido e imágenes de cualquier momento y lugar. La explicación entonces era que el dispositivo podía captar ondas de energía residual del pasado para “reconstruir” imágenes y sonidos históricos, como si el tiempo fuera un gran disco grabado en el éter. Ernetti aseguró que este prodigio había contado con un equipo de 12 científicos… a quienes se negó a nombrar. Muchos años más tarde mencionaría a dos: Enrico Fermi —fallecido en 1954— y a Wernher von Braun —fallecido en 1977—, cuando ya no estaban disponibles para confirmar o desmentir nada.
En 1972 Ernetti anunció su invento en la revista italiana La Domenica del Corriere. Por supuesto, también había sintonizado la muerte y crucifixión de Jesucristo, así que presentó a la revista una fotografía tomada directamente del evento. Bueno, del evento es mucho decir: un close-up de la cara del palestino mientras colgaba de la cruz — lamentablemente no tomó una panorámica. ¡Ohh, por dios — Jesús sí era blanco! Oh, wait...
Poco después, la revista Giornale dei Misteri publicó una carta y una fotografía idéntica enviados por su lector Alfonso De Silva, quien explicó que había comprado la fotografía por 100 liras en la tienda de regalos del Santuario dell’Amore Misericordioso, en Collevalenza (Italia), basada en una escultura del español Lorenzo Coullaut Valera.
En vez de retractarse, Ernetti redobló su apuesta: dijo que Valera había esculpido su Cristo siguiendo las instrucciones de una monja que era mística, llevaba los estigmas de Cristo en su cuerpo y estaba consumida por visiones extáticas de la Pasión. Aunque parece que Brune no conectó los puntos, el autor Peter Krassa, en su libro Father Ernetti’s Chronovisor explica que Ernetti estaba sugiriendo que la visión extática de la Pasión de la monja mística era una visión de Cristo muriendo en la cruz del Gólgota, que le había comunicado al escultor español, quien habría esculpido el rostro de Cristo con los rasgos exactos y la misma expresión que ella había visto. El problema con esta explicación es que ambas fotografías no solo eran iguales en su tema, sino que eran idénticas en las sombras y los reflejos de luz, lo que significa que ambas imágenes eran la misma.
Bueno, pero… Ernetti había transcrito la tragedia Tiestes de Quinto Ennio, de la cual sólo se tenían fragmentos hasta entonces. ¿Cómo podría haber hecho eso si el cronovisor no era real?
La Dra. Katherine Owen Eldred, doctora en Estudios Clásicos de la Universidad de Princeton, fue la traductora de una versión inglesa del texto entregado por Ernetti, incluida como apéndice en la edición estadounidense del libro de Krassa. Eldred señala varias inconsistencias: por ejemplo, muchas palabras del texto no aparecieron en latín hasta al menos 250 años después de la muerte de Quinto Ennio. Para completar, ella encontró una clara señal de un vocabulario latino limitado: a saber, que hay ciertas palabras que se repiten con demasiada frecuencia. Quinto Ennio es considerado el precursor de la literatura latina, así que de todas las cosas de las que se le podría acusar, tener un vocabulario limitado del latín no es una de ellas. Asimismo, de los veinticuatro fragmentos del Tiestes que se han conservado gracias a comentaristas posteriores, más de la mitad aparecen en la obra de Ernetti sobre el Tiestes. El problema es que la extensión de la obra entregada por Ernetti es una décima parte de la que se calcula que es la extensión de la obra original; por lo que cabría esperar que, en promedio, los fragmentos conservados aparecieran alrededor del 10%; sin embargo, aparecen en un 65%, casi siete veces más de lo que cabría esperar razonablemente. (Ernetti murió en 1994 y el libro de Krassa fue publicado en 2000, así que no hubo oportunidad para que el buen monje respondiera a estos hallazgos.)
Ernetti siempre mantuvo que su dispositivo era real y funcional. Cuando se le pidió que lo presentara para su análisis, alegó que el Vaticano había ordenado mantenerlo oculto, supuestamente por mandato de Pío XII, con la clásica excusa de evitar que cayera en las manos equivocadas, ya que el conocimiento que aportara el dispositivo podría “coartar la libertad del hombre”. Claro: nada más peligroso para la libertad que conocer la historia con precisión. Los historiadores, como todos sabemos, son célebres por sus impulsos autoritarios.
Tras la muerte de Ernetti, alguien que afirmó ser un familiar lejano contó para el libro de Krassa que en su lecho de muerte Ernetti había confesado que todo había sido un engaño, aunque siempre mantuvo la esperanza de que su cronovisor pudiera funcionar algún día. Con el tiempo, la historia del cronovisor dejó de ser solo una anécdota y se convirtió en una leyenda de circuito largo: Brune la difundió en su libro, y después varios medios sensacionalistas la fueron remixeando, diluyendo una pizca de hechos reales en varios litros de afirmaciones no verificadas.
Algunas publicaciones mencionan un supuesto decreto del Vaticano de 1988 que excomulgaría a cualquiera que utilizara un dispositivo similar. No hay evidencia de que el Vaticano emitiera un decreto así. Lo más parecido es una norma de ese año que
(vía Skeptophilia)
1 ¡Mira qué sencillo! Mientras tanto la Nasa en cambio gastándose toneladas de pasta en telescopios específicos para rayos X, infrarrojo, gama, microondas y de luz visible, cuando bastaba con un combo de electrónica vintage y cinta adhesiva, y así podían tener un 6x1, audio incluido.
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Publicado en De Avanzada por David Osorio | ¿Te ha gustado este post? Suscríbete para no perderte las próximas publicaciones



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