Antonio Caballero y Alfredo Molano son muy parecidos. Aunque el primero se me hace más ácido (o sea, mejor) y agudo, estoy bajo la impresión de que ambos periodistas, por muy buenos que sean, comparten dos circunstancias que desprecio. La primera es su tendencia a agrandar las masacres y exabruptos paramilitares, mientras que le restan importancia, matizan o relativizan las atrocidades guerrilleras. (Y tengo esa misma impresión del periodista Hollman Morris.)
La segunda es su sendo aprecio por esa asquerosa y sucia tradición que es la tauromaquia. Cuando Petro promovió el debate sobre prohibirla, ambos utilizaron sus columnas para defenderla, como no podía ser de otra forma, a punta de falacias y sentimentalismos romanticones.
Pues Klaus Ziegler, con un fantabuloso artículo les tumba todo el discurso con el que defienden ese festejo criminal:
La segunda es su sendo aprecio por esa asquerosa y sucia tradición que es la tauromaquia. Cuando Petro promovió el debate sobre prohibirla, ambos utilizaron sus columnas para defenderla, como no podía ser de otra forma, a punta de falacias y sentimentalismos romanticones.
Pues Klaus Ziegler, con un fantabuloso artículo les tumba todo el discurso con el que defienden ese festejo criminal:


