Esta es una traducción libre de Can You Control Your Own Beliefs?, publicado en The Nature-Nurture-Nietzsche Newsletter por Turi Munthe el 27 de mayo de 2026 como post invitado.
Esta es una traducción libre de Can You Control Your Own Beliefs?, publicado en The Nature-Nurture-Nietzsche Newsletter por Turi Munthe el 27 de mayo de 2026 como post invitado.
El kambó (o kambo) es una sustancia cerosa secretada por la rana mono gigante de las cuencas del Amazonas y del Orinoco. Tradicionalmente, algunas tribus indígenas de la región la han utilizado para supuestamente mejorar la fertilidad, purificar el cuerpo y el espíritu, aumentar la fuerza, atraer buena suerte en la caza, expulsar espíritus malignos, inducir abortos e incluso curar la pereza.
En los tiempos buensalvajistas que corren, el ritual del kambó ha ganado una popularidad notable en círculos new age y de pseudomedicina. Edzard Ernst explica en qué consiste el ritual:
Hace unos días, el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, concedió una entrevista al periodista Juan Elman para conmemorar el primer aniversario de la muerte de Pepe Mujica —predecesor ideológico y político de Orsi—. Entre otras cosas, durante la entrevista, Orsi manifestó su preocupación de que, supuestamente, Uruguay sería un país “súper laico”, lo cual es como preocuparse por que uno sea demasiado saludable, o “superdemocrático”, o “súper justo”.
De cualquier forma, esta afirmación y las que la acompañaron (Orsi dijo que se había “subestimado la espiritualidad”) recibieron una respuesta magistral por parte de Marcelo Aguiar.1
En la entrevista, Orsi le hace otro guiño a la superstición organizada al decir que esta trata mejor el tema de las adicciones que el Estado (algo que ya había dicho en otra ocasión),2 una alusión que entendí fácilmente, pues en Colombia también he visto la captación de adictos por parte de las iglesias evangélicas. Me atrevería a afirmar que la situación no es exclusiva de estos dos países: en páginas ateas de distintos lugares circula un meme según el cuál un drogadicto es, en realidad, un pre-cristiano. Un chiste cruel, a buen seguro, pero sólo es eso: un chiste.
Durante años, varios lectores me han sugerido que haga un podcast o algún tipo de contenido en video, más acorde con los tiempos actuales, en los que ese formato se replica y consume con mucha más facilidad en redes sociales.
Mi respuesta —y la principal razón de mi resistencia— siempre ha sido la misma: prefiero el formato escrito. Se presta mejor para desarrollar temas largos y complejos; permite hacer ediciones posteriores sin perder la coherencia del material original; y presenta las ideas en un cuerpo completo y consistente. Además, para el lector (y a menudo para mí mismo), es mucho más fácil ubicar fragmentos específicos mediante una simple búsqueda o con Ctrl+F. En cambio, cuando intento recuperar información de un podcast o un video de YouTube (o, peor, en TikTok), puedo pasar horas buscando un dato puntual —y a veces ni siquiera lo encuentro—. Es una experiencia que, hasta ahora, he preferido evitarles a mis lectores.
Sin embargo, me temo que mi resistencia ha sido finalmente derrotada. He cedido, muchachos — me debo a mis lectores. Y con eso, me enorgullece anunciar Escépticos Sin Fronteras: un podcast de escepticismo para la vida cotidiana, donde venimos con preguntas inconvenientes y hechos incómodos.
Esta es una traducción libre de The Hell Invention: How a Literal Valley Became Eternal Torment, publicado el 29 de abril de 2026 en Reasoned Reality
Aunque llevo cerca de 20 años de haber rechazado la creencia en dios, las teologías y el producto más nocivo jamás inventado por los humanos —la religión—, y aunque he consumido prácticamente todos los argumentos y debates a mi alcance sobre la cuestión de dios (o, más precisamente, de los dioses), hay un argumento que rara vez he visto formulado con claridad: la incompatibilidad básica entre la idea de un dios todopoderoso, creador del universo, capaz de leer nuestras mentes, conocer nuestros corazones y juzgarnos al final de nuestras vidas, y lo que sabemos sobre la conciencia.
El sitio Letters from Leo reporta un suceso que ocurrió en enero de 2026, en el que la administración Trump habría amenazado a la Iglesia Católica:
Una de las cosas que siempre me ha sorprendido de ciertos escépticos es su decisión de declarar que la religión —y sus afirmaciones— no son susceptibles de análisis crítico. De repente, el principio de que “lo que se puede afirmar sin evidencia se puede descartar sin evidencia” parece dejar de aplicar cuando se trata de las creencias íntimas de otras personas.1
Vaya, este 2026 ha sido una década muy larga...
El aspirante al Nobel de Paz Donald Trump, y el miembro de su Junta de la Paz y carnicero de Gaza, Benjamin Netanyahu, han llevado a cabo un operativo de bombardeos estratégicos contra Irán, en el que han dado de baja al brutal dictador islámico Ali Khamenei.
Comentar sobre esto es invitar un dolor de cabeza porque aparentemente la mayoría de comentaristas necesitan que toda historia tenga un protagonista bueno, y la realidad muchas veces es más varios tonos de gris oscuro que un simple blanco-y-negro. En todo caso, vamos a intentarlo.
En 2011 la organización Humanists International publicó el informe Libertad de Pensamiento, un índice global sobre el estatus social, legal, jurídico y cultural de los ateos, humanistas, y no-religiosos en general en el mundo, y sobre cuánta discriminación e intolerancia sufrimos en todo el planeta.
En ese momento la situación era desoladora y no es exagerado decir que las actualizaciones desde entonces no han sido precisamente esperanzadoras.