Posiblemente existan pocas temporadas más estresantes y desesperantes para mí que las elecciones presidenciales en Colombia. Para colmo, la temporada electoral coincide, cada cuatro años, con el Mundial de fútbol; y la yuxtaposición de ambos eventos eleva el volumen de chovinismo en el país a niveles verdaderamente insoportables. Tener una conversación racional en esas circunstancias se vuelve una tarea apoteósica.1
En general, trato de ya no escribir demasiado sobre política y actualidad nacional, porque una vez empiezo, me veo en la necesidad de tener que hacerle seguimiento minucioso a uno o más temas, y/o a un candidato, al candidato rival, los candidatos intermedios, las peleas de turno, y todos los comentarios virales que van apareciendo. Es un compromiso que termina siendo inviable, al menos con mi escaso tiempo libre en este momento. Prefiero, entonces, elegir mejor mis batallas.2
Sin embargo, en contra de mi buen juicio, he terminado escribiendo este post sobre actualidad colombiana. Y, para mi sorpresa, que son buenas noticias. ¡Y vienen del Congreso de la República!
















