martes, 26 de febrero de 2013

Margaret Mead, la madre del relativismo cultural

Mi amigo Gabriel Andrade sostiene que el precursor del relativismo cultural fue Bartolomé de las Casas.

Si le diéramos rienda suelta a esa placentera actividad de buscar culpables, tendríamos que señalar que la madre de la insensatez multicultural fue Margaret Mead.

¿Y quién fue Margaret Mead, qué fue lo que hizo?

Mead fue una antropóloga cultural (señal de alerta), que se hizo famosa con su libro Adolescencia y cultura en Samoa, que se basó en su trabajo de campo con adolescentes samoanas en la isla de Ta'u. En el libro, Mead pretendió consagrar el mito del buen salvaje, lo que le valió un considerable éxito entre la progresía estadounidense.

El libro fue prologado por Franz Boas, quien escribió: "La cortesía, la modestia, las buenos modales, la conformidad con determinadas normas éticas son universales, pero lo que constituye cortesía, modestia, muy buenos modales, y normas éticas definitivas no es universal. Es interesante saber que las normas difieren en las formas más inesperadas." No es de extrañar que Mead pusiera tanto empeño en achacar la armonía de las pequeñas salvajes a que carecían de la libertad para elegir entre diferentes conjuntos de valores, que estarían en conflicto, y serían la perdición de las adolescentes norteamericanas. Se había sembrado la semilla del relativismo.


El impacto de Adolescencia y cultura en Samoa sólo vendría a ser cuestionado por Derek Freeman, un antropólogo neozelandés, en 1983, cinco años después de la muerte de Mead:

Freeman desembarcó en Samoa años después que Mead, fue nombrado Logona-i-Taga (una especie de jefe tribal) por los nativos y llegó a conclusiones drásticamente opuestas a las de Mead sobre la cultura samoana. El celo científico de Freeman, que pretendía imprimir una dirección más empírica y evolucionista a la antropología, resultaba casi religioso. Según un documental de BBC emitido en 2007 (Tales from the jungle: Margaret Mead) acerca de la controversia con Mead, Freeman se identificaba con San Jorge. Deseaba realmente decapitar el dragón del culturalismo. Bajo las capas superficiales de la discusión intelectual, entre "culturalistas" y "naturalistas", es tentador asumir una especie de "guerra religiosa" soterrada.

La controversia alcanzó su punto de ideologización más alto cuando la Asociación Americana de Antropología se pronunció en contra de Freeman, haciendo las veces de sanedrín o de concilio científico con la facultad de denunciar herejías. El trabajo de Freeman también saltó a los medios masivos de comunicación, y él mismo llegó a aparecer en horas de máxima audiencia de la televisión norteamericana.



Freeman no sería el único en criticar el pobre trabajo de Mead.

En La tabla rasa, Steven Pinker señala tantas veces como cabe que Mead forzaba e insistía en el delirio de la tabla rasa, para asegurar la perpetuación de sus prejuicios. Tampoco es de extrañar que haya sido criticada duramente por Richard Wrangham por afirmar que "la maldad humana es algo culturalmente adquirido, una prenda arbitraria que se puede desechar como nuestra ropa de invierno".

Esa sería la peor herencia que Mead pudo dejar, pero no fue la única. El relativismo venía con fuerza y su desprecio por el conocimiento, que llaman hegemonía científica, debía ser derrocado. Mead luchó con todas sus fuerzas para que así fuera hasta el final de sus días.

En la Enciclopedia de Ocultismo y Parapsicología, Gordon J. Melton cuenta que bajo la dirección de Mead, la Asociación de Parapsicología fue aceptada en la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia en 1969, hecho que serviría de base para la creación de la fugaz Academia de Parapsicología y Medicina y una gran cantidad de "estudios parapsicológicos", que a día de hoy resultan inservibles y no pueden aportar una sola evidencia en favor de esa... "disciplina".

1 comentario:

  1. creo el relativismo es una herramienta metodológica para acercarse a un grupo cultural determinado, vamos que el investigador adopte una posición neutra ante los fenómenos sociales puede ser de cierta utilidad en un estudio de dichos grupos, que esta actitud trascienda y genera "mitos" como el del buen aborigen es lo que pervierte el sentido de una investigación científica.

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