En 1959, el capitán turco İlhan Durupınar identificó en una fotografía aérea una formación alargada cuyo contorno recordaba al casco de un barco. El sitio, en el este de Turquía, estaba cerca del monte Ararat, tradicionalmente asociado con el relato del Arca de Noé. La semejanza visual y la proximidad geográfica bastaron para despertar el entusiasmo, así que en 1960 una expedición examinó el lugar, pero no encontró restos de una embarcación ni objetos fabricados por seres humanos. El sitio fue abandonado por falta de evidencia.
El lugar volvió a atraer atención en 1977, cuando Ron Wyatt, cristiano evangélico y explorador aficionado, empezó a promoverlo como posible emplazamiento de los restos del Arca de Noé.1 En los Ochenta, Wyatt se unió a los exploradores David Fasold y John Baumgardner para estudiar el sitio con un radar de sondeo terrestre y un generador de frecuencia. Fasold narró la expedición en su libro The Ark of Noah.


